26 abril, 2019
  • 26 abril, 2019

El país que nos avergüenza

Por el 13 febrero, 2019 0 39 Views

Insulta, ataca, señala, difama, descalifica, denuesta, ofende, injuria… El presidente utiliza sus largas conferencias matutinas para arremeter en contra de quienes considera sus adversarios:

La prensa, los conservadores, los neoliberales, la sociedad civil, la oposición, la organizaciones no gubernamentales, los ricos, los organismos autónomos, los líderes de opinión, lo que huela a extranjero; es decir, contra todo lo que considere una amenaza contra la acumulación del poder presidencial.

Esto, de alguna manera otorga concesiones a sus seguidores, sobre todo a los más radicales para que se lancen iracundos a las redes a insultar y a atacar a cualquiera que sientan que representa una amenaza contra el inmaculado líder.

Recientemente, puso a uno de los personajes más oscuros de la vida pública de este país y con menos autoridad moral para señalar, Manuel Bartlett a acusar, con razón o no a ex funcionarios o empresas que, aún dentro de la ley, acusó de ser inmorales y contribuir a la quiebra de la Comisión Federal de Electricidad. (A la que por cierto él mimo contribuyó llamando a no pagar desde 1995).

Sin embargo y curiosamente, no tocó a ninguno de los tres directores de la CFE de la administración de Peña Nieto.

Además ya quedó claro que no habrá sanción alguna contra estos ex funcionarios y empresas; se trata sólo de someterlos al escarnio público, de ponerlos delante de la turba digital enardecida para que los apedreen a twittazos; pero de enjuiciarlos, ni hablar.

A esto le llama “conflicto de intereses”, pero cuando ese conflicto cae en su terreno, no lo es; ahí está el ejemplo de la nominación de la esposa de su constructor favorito José María Rioboo como ministra de la Suprema Corte. En ese caso no hay ni inmoralidad ni conflicto de intereses, porque “es legal”; es decir: el presidente, y no la Ley, es quien establece lo que es legal y moral y lo que no.

Es esto lo que mantiene desde hace más de dos sexenios polarizado al país; desde el cállate chachalaca, al diablo con sus instituciones, desde que puso a pelear al pueblo contra el pueblo.

NO presidente, esta polarización sólo lo ha beneficiado políticamente a usted y a su partido; pero en cambio ha roto amistades, familias, negocios, ha roto la convivencia y la tolerancia entre las y los mexicanos a pensar diferente.

México no necesita más violencia verbal, ni encono, ni odio; lo que necesitamos es dejar atrás a este México que nos avergüenza.

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