20 junio, 2019
  • 20 junio, 2019

Honorable

Por el 15 febrero, 2019 0 176 Views

Conocimos a un presidente municipal que todos los días a las nueve de la mañana se reunía con los regidores, las sesiones no tardaban más de media hora. El presidente le turnaba a cada regidor las tareas que había que resolverse de inmediato de acuerdo a la Comisión que cada uno desempeñaba y tenía que buscar la solución lo antes posible porque al día siguiente ya había otra cosa que hacer. Así es como cada uno buscaba la mejor manera de cumplir con su cometido, por ejemplo: el presidente de la comisión de obras públicas a diario tenía que tapar los baches de las calles pavimentadas que en realidad eran nada más las del centro de la ciudad, porque todas las demás eran empedradas y las piedras no se deterioran. El regidor de obras públicas era chofer de camiones que transportaban arena, piedra y grava, así es que tapaba los baches con esos materiales porque no había para cemento y luego continuaba con su tarea cotidiana, haciendo su trabajo de acarreador de material para construcción. De igual manera cumplían los demás regidores, en el tiempo libre que tenían después de su trabajo cotidiano, tenían que encontrar la forma de cumplir con el encargo del ayuntamiento, de tal manera que al siguiente día rindieran su informe y recibieran otra tarea.

Cabe mencionar que ningún miembro del ayuntamiento tenía salario, solo el presidente municipal que le asignaba el erario un salario mínimo mensual, que la mayor de las veces no lo cobraban porque no alcanzaba el presupuesto. Así es que los ediles no solo desempeñaban el cargo sin salario, sino que a veces tenían que poner de su bolsa o recurrir a la buena voluntad de los ciudadanos para poder cumplir. Las sesiones de cabildo eran muy cortas porque, todos los regidores tenían un trabajo que desempeñar para sostener a sus familias, algunos eran empleados de farmacia, otros trabajaban por su cuenta y los que eran profesionistas seguían su vida normal; el cargo de regidores era un honor desempeñarlo, pero al mismo tiempo una carga adicional. El presidente municipal era una persona solvente, moral y económicamente, por eso podía desempeñar todo el tiempo el cargo y estar pendiente de los asuntos en la presidencia, no así los regidores que, eran escogidos por alguna representatividad que ostentaban ante la sociedad. En aquella época no existía el SAPAM, había un patronato del agua potable conformado por personas voluntarias que administraban el servicio, los únicos que tenían salario eran los albañiles y fontaneros. Todos los demás servicios eran solventados por la sociedad, había una sola patrulla que era una camioneta pik-up con toldo que le llamaban “la julia” y unos cuantos policías que cuidaban el orden del centro de la ciudad y lo más que ocurría era que levantaban algunos borrachos que no alcanzaban a regresar a sus casas. El mayor ingreso para la presidencia municipal provenía del mercado público y de las multas de los ebrios que eran levantados de la calle y cuyos familiares llegaban a sacarlos; pero en los casos que no tenían para pagar la multa, al día siguiente, cuando se les había pasado la borrachera, los sacaban a barrer el parque central y ese era el pago. Otro ingreso era lo que pagaban las tiendas pequeñas porque las tiendas con determinado capital pagaban impuesto al estado, en cambio los tendejones les cobraba el municipio una cuota mensual. La ciudad no producía basura porque en cada casa, la propietaria o la sirvienta -si era casa de ricos-, tenía la obligación que a las seis de la mañana barría el tramo de calle y banqueta que le correspondía, recogía su basura y la echaba al sitio, traspatio; comúnmente era basura orgánica, por lo tanto en la tierra desaparecía. Los desperdicios de la cocina, lo que le llaman ahora basura orgánica, se la echaban a los animales de los corrales; gallinas, patos, cerdos, guajolotes y desaparecía inmediatamente. No habían alimentos empacados, la leche se consumía bronca, los lecheros pasaban de casa en casa repartiéndola y cada quien sacaba su olla o jarra para recibirla. Al ir al pan se llevaba el canasto, en las compras del mercado la carne la despachaban en hojas de plátano, los frijoles iban directamente a la canasta, la manteca se llevaba el bote o la daban en hojas; de tal manera que no había ninguna envoltura que fuera basura, obviamente no existía el plástico. Las botellas de cristal eran muy valiosas para guardar líquidos como el vinagre, la miel, mistela, rompope y muchos productos líquidos que se fabricaban y que para transportarlos se necesitaba de botellas. Las latas de sardinas servían de maceteros, ralladores, coladores y hasta de moldes para hacer quesadillas horneadas; todo era útil, el papel cuando aparecía por algo que envolvían en hojas de periódico, se echaba a la lumbre de leña y desaparecía. La ciudad la mantenía la ciudadanía. Cuando sufría catástrofes naturales como sismos, los habitantes se organizaban para reparar poco a poco las casas y sus templos. Durante las inundaciones era igual, cada uno se las arreglaba con la ayuda de sus vecinos, no existía el FONDEN. La limpieza de los sumideros lo hacían los habitantes de los barrios desde donde comenzaban los ríos hasta donde se desaguaban; habían siete sumideros naturales que de diciembre a mayo semanalmente se organizaban cuadrillas de hombres para limpiar los ríos de ramas y limpiar los sumideros para que, llegado el tiempo de lluvias no se taparan; obviamente no había túnel. Una ciudad organizada con cuatro clases sociales bien definidas: los de clase alta, con dinero o sin él pero con estirpe de ilustre apellido; los clase media comerciantes o profesionistas, los de barrio con sus propias costumbres y orígenes y finalmente los indígenas avecindados convertidos en mozos y campesinos. Toda esa sociedad diversa caminaba al mismo ritmo y se entendían, todos con el mismo fin, vivir en paz en una ciudad con todas las carencias y al mismo tiempo donde obtenían todos los satisfactores necesarios; es decir, no había dinero, pero tampoco había consumismo; además nunca le faltaba alimento a nadie, era una ciudad que carecía de indigentes, para todos había trabajo y el dinero circulaba dentro del mismo territorio, así es que había un equilibrio económico. La cooperación comunitaria solucionaba las peores carencias aún en las épocas de crisis cuando las epidemias que mataban a cientos de personas, durante las guerras había siempre cómo protegerse y defenderse de las invasiones extrañas, había solidaridad, nadie era ajeno a nadie aun no teniendo parentesco. La ciudad tenía 30 mil habitantes y si treinta mil almas podían convivir, sobrevivir y arreglárselas colectivamente, -porque hay que mencionarlo que todos cooperaban con trabajo, o con recursos-, si esto se pudo hacer durante más de cuatro siglos; ahora que la tecnología, los recursos, el progreso de la civilización y el desarrollo son los máximo, ¿por qué esta ciudad está en decadencia? Tal vez nadie tenga la respuesta, pero antes había cultura, educación aún sin existir universidades, porque la propia sociedad era la que moderaba la vida y el prestigio era muy importante. Eso se perdió por el desorden social, sobre todo por la corrupción, la falta de vergüenza y eso es difícil recuperarlo. Ahora nos quieren imponer un “ley moral”, eso no se impone, con eso se nace, se vive y se muere. Se llama dignidad, lo que ahora les falta a muchos.

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